Que la tierra te sea leve, Fandiño
"Sit tibi terra levis"
escribían los romanos como epitafio en las lápidas de la época precristiana.
"Que la tierra te sea leve", un mensaje al más allá mucho más
profundo y complejo que el actual "que descanses en paz".
Una
expresión que le hablaba al difunto cómo si su esencia no se acabara con la
tierra que lo tapaba y como si la etapa terrenal no fuera sino el preámbulo de
algo más.
Bailar con la
muerte y coquetear con ella en numerosas piezas no es privilegio ni aspiración
de muchos. De nadie, quizás.
Son pocos los que transgreden esta parada humana
para arriesgarse y vivir más sabiendo que todo puede acabar en un minuto. En un
instante. En un resbalón con dl capote en un toro que ni siquiera les
correspondía torear. Así de rápido y así de fulminante.
Iván Fandiño,
como reconocen todos los entendidos, era un torero que se jugaba la vida en
cada corrida. Que bailaba con la muerte en cada faena y la tentaba con cada
pase.
No todos los toreros, así estén en el ruedo, se calcen un traje de luces
y se enfrenten a un toro, se la juegan como Fandiño. No todos se miden con los
más complicados y con los más peligrosos. Fandiño lo hacía. Y mientras lo hacía
a todos nos convencía de que miedo no había.
Por eso el mundo
de la tauromaquia y del arte en general pierden hoy a un gran hombre como
Fandiño.
A un bailaor persistente en la búsqueda de la vida y la adrenalina el
juego de la muerte y del honor. Quienes en redes han burlado su partida son
miserables y desgraciados. Inertes.
La mayoría lo recordaremos y esperaremos
que la tierra sólo le sea leve. ¡Aguante matador!
Artículo publicado en el Diario El Heraldo (domingo 25 de junio del 2017).
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